domingo, 11 de enero de 2015

Amado Mío, te imagino.





Te imagino. Ya no como el niño en el pesebre. Te imagino. Ya no como el hombre desvalido, desnudo y molido clavado en la cruz.

Te imagino, Amado Mío, como te veré. Como un Juez, un hermoso hombre fuerte. Imagino tu rostro. La dulzura de tu sonrisa. El fuego encendido de tus ojos, tu pelo de nieve. Te imagino. Tu barba como una preciosa cascada. No es tan larga. Sólo cubre tu rostro perfecto hasta el cuello. Justamente ahi donde empieza tu camisa. Se adivina un cuerpo perfecto. Tallado a mano por el cincel de un artesano. De pronto miro tus manos. En la mano derecha llevas un bordón de oro. Una especie de cayado reluciente. En la mano izquierda llevas, en cambio, dos pesadas tablas de piedra. Amado Mío, tú, para quien soy gota, cascada, mar y río, tú me miras. ¿Qué podría hacer? Llena de temor bajo mi mirada. Con presteza descubro tus hermosas piernas cubiertas hasta la rodilla por una especie de pollera romana. Y tus pies. Esos que anunciaron la paz. Tantas veces. Tus pies en tus sandalias de bronce lustrado. Son tan bellos, mi amado. Son la perfecta terminación de tus perfectas piernas, como de mármol. ¿Quién podría resistirse a tu mirada, Amado Mío? Yo no puedo. Y te miro. Me siento tuya. Quiero servirte siempre. Hacer lo que quieras. Quiero entregarte mis horas, mi vida, mi ser. Aunque muera. Moriré luchando. Por tí, mi amado Jesús.

miércoles, 7 de enero de 2015

Dejémoslo ahí


                            Decir que uno tiene vida social, ¿es lo mismo que decir que uno tiene redes sociales?. Definitivamente no, ¿No?
                            Tengo un gato que tiene Facebook y no tiene vida social. Por una cuestión básica, no piensa, no razona. No es que no viva en relación con la sociedad, sino que no lo sabe y por lo tanto no le preocupa. Por lo menos no le preocupa tanto como me preocupa a mi el hecho de tener tan pocos likes en mi último estado. O el hecho de que el chico que me guste sea colombiano y no poder conocerlo en persona porque está en Colombia y yo estoy acá. Y nos conocimos por culpa de una red social.
                          Aceptémoslo. Mi vida social es puramente virtual y ficticia. Soy como esas personas que juegan a Sim City y de repente son alcaldes y tienen una ciudad. Pasan horas, días enteros planificando esa ciudad. Pero esa ciudad en la realidad no existe. En la realidad, hay una ciudad en la cual caminamos como zombies entre escombros. Una ciudad de la que ni en nuestros sueños más delirantes seríamos alcaldes. Una ciudad donde nos tocan bocina si cruzamos mal la calle. Donde tenemos que comernos el garrón de pagar los impuestos cada mes o cada dos meses (y maldecir por eso). Donde tenemos miles de problemas que odiamos pero no podemos solucionar.
                         En fin...¿es realmente tener vida social estar en una red social? ¿o solo es solucionar nuestro profundo problema de soledad con un poco de reconocimiento virtual?
Como diría Neustadt: dejémoslo ahí.