Ese señor blanco es bueno mami. Ese señor hoy me invitó una cena y prendió una vela. A veces prende velas y habla con gente que no conozco. Pero no están, mamá, y al parecer habla y responden. Les dicen santos. Hoy me enseñó el santo y seña, me dijo un padre, nuestro, no sé bien cuál, mamá, mi padre no será. Papá murió, o por lo menos eso me dijiste, muerto muerto. Muerto está. Ese señor blanco es bueno mamá, ese señor habla con los santos que dice.
Me habló de un tal Jesús. Me dijo de una paloma y me contó también de un niño y unos animalitos.
Es bueno, mamá, te prometo que no le dije nada, no le dije nada en mapudungun. El no sabe que yo sé lo que él no sabe mamá.
El no sabe de Ngechen, ni nada así. El no conoce mamá. Yo tampoco conozco de él. Me da miedo ahora que pienso, mamá.
Me da miedo, tiene una serpiente emplumada, mamá.
Pero dice que es buena, que ella también conoce el desierto.
El desierto, pero éste desierto. El otro de allá que él me dijo no es desierto, mamá. Allá hay construcciones mejores, más lindas, de santos, iglesias, y muchas cosas lindas así como me contó.
Pero a la noche, sale la serpiente, mamá, me da miedo un poco ahora que pienso, un poco de miedo, ese señor es un poco bueno.
Pero también es malo un poco, mamá. Hoy salió esa serpiente, y dijo algo de la sangre, de esa sangre de no se que cosa. Y me echó de la casa, mamá. Me echó. Por eso te escribo, mamá. Ahora soy diferente, pero no igual. Ni a ellos ni a ustedes. Ahora soy algo mestiza, mamá, eso me dijo, eso entendí. Pero bueno. Me voy a ver si puedo hacer una casita por ahí, voy a amasar un poco de barro cocido, con mis manos, me voy a hacer un lugarcito ahí, entre la ciudad y el desierto, un lugar chiquito pero tranquilo, mamá. Bueno, te dejo mamá. Voy a estar un tiempo lejos, te amo mi ñuke querida, ya voy a ir a verte.
Siempre tuya, tu domo püñen...
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