Muchos hicimos varios kilómetros, incluso había gente de otros países. Lo sé porque los escuché hablar.
Los escuché hablar en varios idiomas, con diferentes acentos. Vi gente, cómo barcos a la deriva, con niños recién nacidos en sus brazos, corriendo desesperados.
Pero bueno, los escuché hablar. Algunos gritaban, otros tenían crisis de nervios, otros intentaban parecer enteros mientras por dentro rogaban al cielo que no se cayera.
Pero bueno, la verdad es que me quedé tranquila, porque lo único que era seguro era que iba a llover. Un poco de lluvia y un día que pintaba mejorar, por lo menos eso decía el diario del lunes.
Lo que el diario del lunes no decía era que la culpa no la tiene el chancho, sino el que le da de comer.
La culpa no la tiene la mamá que llevó a su bebé.
La culpa no es de TRUENO, y tampoco de los que pretendíamos pasar un lindo momento.
La culpa la tiene el gobierno de turno, ese gobierno movido por el petróleo, por el dinero. ¿No sabían que había alerta de tormentas? Tal vez no imaginaban que algún contenedor de cliba de más de cinco mil litros de capacidad COMO LOS QUE SE ARRASTRABAN a la deriva por las calles, podría golpear a alguien, algún niño quizás. Alguna persona diferente. Diferente de ellos mismo, ¿¿no?? Eso es lo que importa en realidad, que si alguien muere, sea alguien diferente de ellos, de ellos mismos. Diferente de los gobernantes de turno. Podría rezar un rosario de malas palabras ahora. Pero elijo creer en la libertad.
Atentamente.
María Paula Torreano
DNI 30.258.417
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